Y ahora, ¿el turno de Siria? logotipo diario La Tercera

Las recientes acusaciones del secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, de que Siria habría enviado material bélico a Irak y que protege a ex jerarcas del régimen de Saddam Hussein hacen crecer la posibilidad inquietante de que la atención de Estados Unidos se traslade a Damasco una vez que los asuntos en Bagdad hayan sido arreglados.

Las acusaciones de Rumsfeld vienen a completar una larga lista de puntos no resueltos en las relaciones entre Siria y Estados Unidos: la intervención militar siria en Líbano, cuya duración no ha sido determinada y el apoyo continuado de Siria al grupo libanés Hizbulá, su supuesta participación en el ataque suicida de 1982 en Beirut que dejó 214 militares norteamericanos muertos, su apoyo permanente a los grupos palestinos "fuera de la ley" y su supuesta reserva creciente de armas químicas y biológicas. Siria forma parte desde hace tiempo de la larga lista de naciones que favorecen al terrorismo, según el Departamento de Estado norteamericano.

Por todas estas razones, Siria podría convertirse en un blanco potencial del aventurismo militar norteamericano. Incluso, antes de las actuales hostilidades, esa posibilidad fue evocada por ciertos miembros del gobierno de Bush, como Richard Perle y varios columnistas conservadores, que parecían estar listos a agregar a Siria a la lista del "Eje del mal".

Plenamente consciente de esta posibilidad, el gobierno sirio se opuso claramente a la guerra norteamericana en Irak, que el Presidente Basher al Assad y otros altos funcionarios sirios calificaron de "agresión". Ahora cuando los norteamericanos salen vencedores del conflicto iraquí, sus relaciones con sus nuevos vecinos sirios no serán fáciles. Ningún problema podrá resolverse rápidamente.

Pero Estados Unidos no logrará fácilmente aislar a Siria. Damasco mantiene buenas relaciones políticas y económicas con Rusia, China y los principales países de la Unión Europea, en particular Francia gracias a su actitud paternalista por ser una vieja colonia. En todo caso, con los norteamericanos al mando de Irak, Siria se va a encontrar rodeada por tres vecinos poco amistosos (por no decir abiertamente hostiles): los norteamericanos al este y los turcos e israelíes al norte y sur, ambos ocupando territorio sirio.

Los puntos pendientes a resolver entre Siria y Estados Unidos se enfrentarían mejor a la luz de una diplomacia iluminada y no por las armas. Cuando se ve el despliegue militar en Irak, los dirigentes sirios pueden preguntarse si el gobierno de Bush es capaz de pensar en esos términos para resolver los temas con Damasco. Por eso, hay que considerar si los nuevos dirigentes sirios se mostrarán capaces de lograr acuerdos tan maquiavélicos como aquellos que hicieron famoso al viejo presidente Hafez al Assad para solucionar los problemas con Washington. Una posibilidad que no se descarta, ya que el equipo de gobierno actual ha cambiado poco.





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Miércoles 16 de Abril de 2003
17.12.2005