Siria amenaza. Revista del Sabado, Diario El Mercurio
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Se expande la guerra
Siria Amenaza
Marcela Aguilar G.
11 de Abril de 2003

En los años veinte, Francia e Inglaterra se repartieron los restos del Imperio Otomano. Ese fue el origen de la división entre Irak y Siria que, desde entonces, han pasado del amor al odio con una frecuencia asombrosa. Ahora, Siria se ha convertido en el único aliado de Irak frente a Estados Unidos. Su postura indigna al gobierno de Bush y amenaza con alterar los delicados equilibrios en Medio Oriente.

¿A qué juega Siria? Donald Rumsfeld hace la pregunta día por medio, cada vez que amenaza al único amigo de Irak en esta guerra. El secretario de Defensa de Estados Unidos no tiene problema en soportar las críticas de los otros países árabes, porque ellos, en la práctica, no han movido un dedo ­ni han parado un barril de petróleo­ para presionar contra la guerra. Pero lo de Siria es distinto. Según los informes de inteligencia norteamericanos, ese Estado mantiene abierta su frontera con Irak y por ahí se estaría colando material de guerra. Específicamente, lentes de visión nocturna.

Lo de los lentes podría parecer un detalle, pero para los estadounidenses significa un golpe muy duro. Mientras la guerra estuvo en el papel, una gran ventaja del ejército angloamericano era la posibilidad de atacar de noche a los iraquíes, quienes no tendrían manera de prever el golpe. En la práctica, los marines se han encontrado con que los soldados de Saddam suelen estar esperándolos o incluso toman la iniciativa en medio de la oscuridad. ¿Es culpa de Siria? Rumsfeld dice que sí, mientras el presidente Bashar al Assad replica: "Estados Unidos sólo busca culpar a otros de su fracaso militar".

Lo mismo ha respondido el presidente sirio ante las acusaciones de que las armas iraquíes de destrucción masiva, que justificaron la guerra y que no aparecen por ningún lado, habrían sido transferidas a su país para que las ocultara durante las inspecciones.

La de Siria es la posición más extrema a favor de Irak entre las 22 naciones de la Liga Árabe. Durante la asamblea de esa organización en El Cairo, el mes pasado, Siria llamó a los países árabes a no prestar ninguna ayuda a las tropas estadounidenses en la región. Además, el líder espiritual sirio, el sheikh Ahmad Kaftaro, emplazó a los musulmanes a iniciar la Jihad ('guerra santa') contra las tropas extranjeras en Irak, una arenga que no podría haber lanzado sin la aprobación tácita del presidente sirio.

El agrio intercambio entre Rumsfeld y Al Assad culminó, la semana pasada, con un ultimátum estadounidense para obligar al país árabe a pronunciarse sobre sus lealtades. La respuesta siria, a través de un comunicado de su Cancillería, fue: "Siria está contra la guerra en Irak, la destrucción de casas, la carencia de agua y de generadores eléctricos, y los crímenes contra la humanidad".

La interpretación inmediata fue que Irak había conseguido a su primer aliado. Pero, en rigor, Siria no ha hecho ningún otro anuncio público sobre qué significa, en concreto, su apoyo. Ni envío de tropas ni de armamento.

No será un apoyo tradicional, alegan en el Pentágono, pero Siria ayuda a Irak ­bajo cuerdas­ desde hace tiempo: un gasoducto que va de Irak a la costa siria ha permitido burlar el bloqueo por años, y ahora el gobierno de Al Assad mantiene las puertas abiertas para que los árabes interesados en inmolarse por la causa iraquí, crucen la frontera.

¿Por qué lo hace? Al parecer, por la estrecha relación que ambos países cultivan desde los últimos años de Hafez al Assad, el viejo gobernante que inventó esta especie de monarquía secular que permitió a su hijo Bashar asumir el poder apenas el padre murió. El estilo de gobierno es muy parecido al iraquí. De hecho, en ambos países domina el partido Baath. Pero esto, que parece ser excusa suficiente para que estos gobiernos sean cercanos, por años motivó un odio feroz entre ambos. Porque cada uno quería legitimarse como el único y verdadero nacionalismo, el que conseguiría reunificar a la nación árabe después de la división que en los años veinte idearon los europeos para repartirse el Imperio Otomano y que provocó los enormes desequilibrios que han mantenido a Medio Oriente siempre al borde del estallido.

Por eso, lo curioso a estas alturas es que Siria e Irak hayan vuelto a hacerse amigos. Para los observadores occidentales, tanto cariño tiene dos motivaciones fundamentales: la enemistad de ambos con Estados Unidos y la necesidad de sostener cómo sea la estructura de poder, basada en el autoritarismo y que, en el caso de Siria, ya hasta parece una monarquía sin corona.

Separados al nacer

La historia de Irak y Siria fue una sola hasta 1916, cuando un acuerdo secreto (el Sykes-Picot) repartió los territorios del Imperio Otomano, de modo que Siria y el Líbano quedaran en manos de Francia y Palestina (incluida Jordania) e Irak fuesen para Inglaterra.

Sólo en 1947, las tropas francesas e inglesas salieron de la región, por mandato de las Naciones Unidas. Entonces comenzaron las luchas por reunificar territorios, una demanda que en 1963 llevó al poder en Siria al partido Baath Árabe Socialista, que había sido fundado en 1947 por el nacionalista cristiano Michel Aflaq. Un nuevo golpe de Estado le dio el control del país al general Hafez al Assad, en 1970.

Eran años violentos. Siria confrontó a Israel en 1967 y 1973, cuando las tropas judías ocuparon la meseta del Golán. Al Assad nunca aceptó la creación del Estado de Israel y fue uno de los máximos opositores al plan de paz de Camp David.

Combatir a los israelíes era una de sus obsesiones. Y la otra, reunificar la antigua Siria. En 1978, un acercamiento entre su partido y el Baath iraquí lo ilusionó con la posibilidad de unir ambos países. Pero la discusión sobre cuál era el Baath verdadero y quién debía ser el líder único, provocó terribles disputas que, al final, echaron por tierra todo el proyecto.

Al Assad le agarró odio también a los grupos integristas islámicos que amenazaban su continuidad en el poder. Porque uno de los principios del Baath era la separación entre Iglesia y Estado. Así es que a fines de 1979 ilegalizó a la Hermandad Musulmana, el grupo que dio origen a los extremismos islámicos como Al Qaeda. Miles de "hermanos musulmanes" fueron asesinados o encarcelados. La ofensiva más cruenta ocurrió en 1982. Al Assad acusó a Hussein de haber armado a los rebeldes, y al parecer tenía razón. En abril de ese año, Siria clausuró su frontera e Irak respondió cerrando el oleoducto que va de Kirkuk (en el norte iraquí) y llega hasta el puerto sirio de Banias, en el Mediterráneo.

Irak se había aliado con Arabia Saudita y Jordania en 1980, así es que cuando Irak y Siria se pelearon, el gobierno de Al Assad quedó prácticamente aislado de sus vecinos. Al empezar la guerra entre Irán e Irak, Siria tomó partido por el gobierno del ayatolá, afirmando que con su actitud Irak sólo distraía los esfuerzos árabes de lo que debía ser su objetivo primordial: combatir a Israel. Para seguir en lo suyo, en 1981, Siria instaló misiles soviéticos en el Líbano. En 1982, Israel invadió el país y destruyó las armas. Fue la excusa para que Siria mantuviera allí sus tropas ad eternum.

En 1986, el gobierno británico acusó a Siria de haber respaldado un atentado terrorista contra un avión israelí en el aeropuerto de Londres. Por eso la mayoría de los países europeos rompió relaciones con Al Assad, al igual que Estados Unidos.

A partir de 1990, la actitud de Al Assad comenzó a suavizarse, probablemente porque ya no contaba con el apoyo de la Unión Soviética. En parte por eso, y en parte por la vieja disputa con Saddam Hussein, Siria tomó partido por Kuwait desde el inicio de la guerra del Golfo. Eso significa que, por primera vez, estaba en el mismo bando que Estados Unidos. Pero la amistad no podía durar. Para Siria, su odio hacia Israel es tan intransable como la lealtad estadounidense hacia ese país. Cualquier otra alianza es conversable. Incluso con Irak.

Nuevas amistades

Hafez al Assad fue reelegido cinco veces en su cargo, en comicios donde fue el único candidato y, al igual que su colega iraquí, obtenía votaciones cercanas al ciento por ciento. Pero la detección de un cáncer lo obligó a pensar en la sucesión. Por años tuvo todo preparado para que, a su muerte, asumiera su primogénito, Basel. Sin embargo, en enero de 1994, el "heredero" murió en un accidente automovilístico. El presidente mandó a llamar a su siguiente hijo varón, Bashar, quien vivía tranquilamente en Londres, donde hacía la práctica como oftalmólogo, escuchaba a Phil Collins en sus ratos libres y era tan anónimo que ni siquiera tenía escolta. La muerte de su hermano le cambió la vida.

Hafez al Assad murió el 10 junio de 2000 y de inmediato la Asamblea Popular cambió la Constitución para permitirle a Bashar asumir la presidencia con 34 años. Sólo 17 días después, la asamblea lo nominó como candidato presidencial único y el 10 de julio un referendo popular lo confirmó con el 97,2 por ciento de los votos.

Con buen ojo, su padre había iniciado un acercamiento con los vecinos para facilitarle la labor después de su muerte. Y eso incluía amigarse nuevamente con Irak. Los primeros signos de acercamiento se dieron en 1997, cuando Siria reabrió su frontera para permitir la reunión de las delegaciones comerciales de ambos países. En julio de 1998, Siria e Irak acordaron reabrir el oleoducto entre Kurkik y Banias.

En 2001, el intercambio entre Siria e Irak llegó a los mil millones de dólares, el doble que en 2000. En 2001, los dos países firmaron un tratado de libre comercio y resolvieron una vieja disputa sobre las aguas del Éufrates (que pasa por ambas naciones), que casi los llevó a la guerra en 1975.

Estados Unidos calculaba, sin embargo, que el intercambio era mayor que el que ambos reconocían. Según Washington, en 2001, Siria ganó al menos mil millones de dólares adicionales sólo por la compra de petróleo iraquí de manera ilegal; es decir, fuera del programa Petróleo por Alimentos. Y se reportó también que Siria triangulaba la compra de un radar ucraniano para Irak.

¿Por qué el gobierno estadounidense no reaccionó con furia en el momento en que se detectó la exportación ilegal de petróleo? Porque al parecer la exportación ilegal de petróleo beneficiaba a otros países de la región, aliados de Occidente. En el fondo, para Estados Unidos no era tan importante el comercio ilegal con Irak, mientras pasara inadvertido.

Por eso, después de los atentados a las Torres Gemelas, pareció haber un nuevo acercamiento entre Estados Unidos y Siria, ya que este país ofreció información de inteligencia sobre posibles nuevos atentados.

Pero la armonía se rompió nuevamente cuando el joven Al Assad reiteró su respaldo al grupo extremista Hezbollah, se negó a cerrar las sedes de Hamas y la Jihad Islámica, y justificó el uso de la violencia para defender las aspiraciones palestinas. El gobierno de Bush siguió considerando a ese país como un "Estado terrorista".

La actitud estadounidense aceleró el acercamiento entre Siria e Irak. Más aun, Al Assad consiguió acercarse a Turquía y Jordania. Con el primero de ellos firmó dos acuerdos de cooperación militar que establecían ejercicios militares conjuntos, y alcanzaron a discutir la posibilidad de intercambiar armamento o incluso fabricarlo entre ambos. Eso suponía un tremendo esfuerzo neutralizador de Siria, ya que Turquía firmó en 1997 una alianza militar con Israel.

Difícilmente estas alianzas protegerán a Siria de ser el siguiente objetivo de la guerra contra el terrorismo lanzada por George W. Bush. Al Assad lo sabe, y por eso intenta auxiliar a Irak. Nadie espera que el ejército de Hussein venza a Estados Unidos en esta guerra, pero Siria puede tener la expectativa de que la invasión sea tan costosa ­en dólares y vidas humanas­ que Estados Unidos decida pensarlo dos veces antes de seguir derribando gobiernos enemigos.

"No podemos quedarnos inmóviles. No vamos a esperar hasta convertirnos en el próximo blanco", dijo Al Assad al periódico libanés As Safir hace unas semanas.

Al Assad apuesta también a canalizar el odio antiamericano entre los pueblos del Medio Oriente. De ser un dictador tan detestable como Hussein, se ha convertido en un héroe de la causa. "Nuestro presidente es la conciencia del mundo árabe, es un defensor de la nación árabe, sólo en él confiamos para luchar por nuestros intereses", le dijo a la BBC, en Damasco, la profesora Thaer Abdulhamid durante una reciente protesta contra la guerra.

Y, en última instancia, al gobierno sirio tampoco le conviene que Hussein sea reemplazado por un gobierno de estilo occidental, porque eso despertaría a los grupos ansiosos por democratizar la zona. Al Assad, al igual que Hussein y que el resto de los gobernantes de la región, asegura que la "democracia occidental" no es el camino para los pueblos árabes. Por algo la apertura que anunció al asumir no pasó de liberar prisioneros políticos. Ni siquiera las modernizaciones económicas han sido posibles, por la amenaza que representan para las estructuras tradicionales. De hecho, en abril de 2001, Al Assad anunció que se permitirían los bancos privados, pero nadie ha logrado abrirse paso a través de la burocracia para entrar al negocio financiero.

Por eso, si el Baath iraquí desaparece, el sirio probablemente se verá amenazado. Como esos gemelos que saben lo que siente el otro. Por más distantes que estén.




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