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Mitos Vacíos

Si las masas iraquí­es son conducidas a un estado de mayor prosperidad o si desarrollan la esperanza de que así será, cortadas quedarán las raí­ces de los fundamentalismos, las guerras santas, el anti-norteamericanismo y otras razones "culturales" que ahora se esgrimen en los fumaderos del Medio Oriente.

 Fernando Villegas

Cuando la más importante estatua de Sadam Hussein fue derribada por un blindado norteamericano y reveló en su aparatosa caída que no era una sólida pieza de pesado metal sino un trabajo pacotillero, una figura hueca de aleación barata sostenida en su interior por cañerías de retrete, a muchos nos vino el pálpito que tal vez ése fuera el principal simbolismo de dicha demolición y no la demolición misma, que estábamos observando, no simplemente un distintivo de la caída del régimen sino de su debilidad y vacío internos, de hasta qué punto era un armazón ficticio encumbrado en un pedestal de mentiras, fantasías y opresión.

Después de todo, gran parte del mundo árabe todaví­a está sumergido en el mundo fabuloso de las Mil y Una Noches; recordemos cómo se vociferaba que en Bagdad un tanque T-72 acecharía tras cada árbol y un fedayin dispararía desde cada ventana. ¿No salían en Bagdad y Basora enardecidas muchedumbres a quemar banderas norteamericanas y avivar los retratos de su propio verdugo? ¿No iban, los "hijos de Satán", a ver cercenadas sus cabezas por el alfanje justiciero del Islam? Y, sin embargo, en una semana la resistencia quedó confinada a unos cuantos fanáticos menos interesados en favorecer a Saddam que en darse el gusto de matar americanos o quizás sólo simplemente de matar; los mismos que vitoreaban a Hussein salieron a las calles a besuquear a los infantes de marina y gritarles " ¡Good, good, thanks, thanks!" y el farsesco ministro de información que anunciaba todos los días una nueva victoria árabe rajó al alba hacia destino desconocido.

Todo en una semana. En una semana el mito de la invencible resistencia se vino al suelo como esa calamitosa estatua de cartón piedra.

Otros Mitos

Pero la rápida demolición de la defensa de Bagdad no es el único mito que al calor de los actuales y futuros acontecimientos podría mostrar su constitución interior. El entero discurso política y académicamente correcto está lleno a rebozar de ellos. Entre los principales se encuentran los siguientes:

a) El mundo árabe odia a los Estados Unidos.

b) El Oriente Medio hervirá, de aún más Bin Laden y extremistas, luego de la victoria de la coalición.

c) En última instancia tendríamos como causa de las animosidades que se viven en esa zona un ejemplo de lo que un académico llama "choque entre civilizaciones" refractarias las unas a las otras.

Todo eso suena muy "sociológico", pero dudo que haya mucho de sustantivo en la relación entre esas majestuosas generalizaciones y las realidades del hombre de la calle del mundo árabe. Lo cierto es que, como antecedente analítico, las ruidosas manifestaciones que llenan las pantallas de los programas de noticias no valen hongo. Permítaseme refrescar la memoria del respetable público: las masas del Medio Oriente llevan 4.000 años avivando a los vencedores y abucheando a los perdedores. Aplaudieron y vitorearon a los sumerios, los hititas, caldeos, babilonios, persas, romanos, bizantinos, árabes, ingleses, franceses y turcos cuando se hicieron del poder y abuchearon a los sumerios, los hititas, caldeos, babilonios, persas, romanos, bizantinos, árabes, ingleses, franceses y turcos cuando fueron derrotados. Aplaudieron a Hussein y aplauden ahora a los gringos y mañana aplaudirán a los aliení­genas si éstos aterrizan triunfalmente en los minaretes de sus mezquitas. En breve, las masas populares que sostienen con su trabajo a una elite tras otra, que aparece y los ordeña, no tienen otro propósito en sus existencias que salir del paso lo mejor posible, trasquilados pero no desollados, vivos y no muertos, bajo techo y no a la intemperie, almorzados y no a tripa vacía. Si a la pasada, en el intermedio entre un régimen y otro, pueden saquear y vandalizar, mucho mejor. Y, por cierto, para no llamar negativamente la atención de esos sucesivos Godzillas que medran sobre ellos, harán todas las morisquetas que vengan al caso, prorrumpirán en todos los " ¡Vivas!" necesarios, fingirán para los demás y aun para sí tragarse y profesar todas las religiones vigentes en el minuto.

Choque de Civilizaciones

Por eso en los análisis prevalecientes se peca de darle demasiada importancia al peso especí­fico de las "culturas", a esos modus vivendi que parecen incrustados eternamente en la mente y el corazón de los seres humanos. La verdad es que los sistemas culturales orientan la conducta, pero no permean tan a fondo "los corazones y las mentes"; además son resistentes al cambio sólo si no cambian las condiciones materiales que los sustentan. Más que "causar" una conducta, modelan de cierto modo la conducta que esas circunstancias materiales requieren y/o hacen posible. Muchos de sus elementos no son sino una construcción sublimatoria y compensatoria de condiciones que serán insufribles sin el bálsamo de asumirlas con un emplasto de "valores"; otras operan como mecanismos de dominación forzados. En breve, a menudo enteras capas de la población enfrentan su "cultura" no con el placer con que se acaricia el fruto de la rica floración de un organismo satisfactoriamente nutrido, sino como se acostumbra uno a la erizada flor de una planta sometida a sequías y tormentas. Por lo mismo, es notoria la rapidez con que clases, estratos, grupos o familias que han accedido a mejores condiciones de vida abandonan sus antiguas costumbres con tanta mayor rapidez como sea veloz y creciente su disfrute de mayor prosperidad y libertad. La cultura como resorte efectivo y duradero de comportamientos sólo tiene real peso y existencia en el seno de las elites, pero aun así­ éstas no luchan por dichas diferencias, sino por el botín. En otras palabras, salvo excepciones, no hay ni ha habido otro choque en la historia del globo que el permanente conflicto entre ricos y pobres, ganadores y perdedores.

Otra alternativa

De modo entonces que no hay absolutamente nada predestinado que impida un futuro muy diferente al muy negro augurado por la sabidurí­a convencional para esa zona del mundo. Al contrario, si las masas iraquíes son conducidas a un estado de mayor prosperidad o si desarrollan la esperanza de que así será, cortadas quedarán las raí­ces de los fundamentalismos, las guerras santas, el anti-norteamericanismo y otras razones "culturales" que ahora se esgrimen en los fumaderos del Medio Oriente . Lo mismo puede preverse como posible para el resto de esa región. Pueden apostar que los próximos choques no serán entre civilizaciones, sino entre esas masas y sus actuales y aterrados gobernantes, con los sultanes y jeques atrincherados tras el Corán y los energúmenos y asesinos que predican la Jihad contra Israel y Occidente.


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23.4.2005
17.12.2005